La Filosofía Perenne en Tiempos del DMT

La Filosofía Perenne en Tiempos del DMT

sobre la teoría visionaria de Aldous Huxley y su relación con el modelo teoneurológico de Rick Strassman

La investigación de los estados visionarios en el marco de la filosofía perenne y la neurociencia interdisciplinaria nos brinda una perspectiva más holística para entender las experiencias enteogénicas

La profunda relación existente entre mi investigación y el conocimiento que nos brindan las antiguas tradiciones espirituales me proporcionaron una convincente validación de esa visión atemporal que Aldous Huxley denominara “filosofía perenne”.  

Stanislav Grof

Como señala Ronald Zigler, profesor de la Universidad de Pennsylvania, en su obra The Educational Prophecies of Aldous Huxley: The Visionary Legacy of Brave New World, Ape and Essence and Island, uno de los grandes logros del reconocido filósofo y escritor británico Aldous Huxley, fue dar a conocer que la capacidad humana para la experiencia visionaria no es algo tan singular e inalcanzable como muchos podrían suponer. Es por ello que deberíamos considerar brevemente el analizar más a detalle la teoría de la experiencia visionaria propuesta por el propio Huxley; ya que esta fue particularmente influenciada por sus experiencias personales con psicodélicos –sobre todo la mescalina y el LSD- los cuales, el consideraba eran atajos o shortcuts para acceder a la conciencia mística que yace en el núcleo espiritual de todas las tradiciones religiosas de la humanidad.

La mescalina fue el primer compuesto psicodélico en ser extraído y aislado, esto ocurrió a finales del siglo XIX. En 1919 se convirtió en el primer psicodélico sintetizado en laboratorio, y por más de 30 años permaneció como un compuesto del que poco o nada se sabía y que prácticamente solo estaba al alcance de selectos círculos médicos y psiquiátricos. En 1952, Aldous Huxley se enteró de que esta sustancia estaba siendo empleada por un grupo de investigadores como un poderoso y experimental catalizador para la curación y transformación psicológica, y se puso en contacto con ellos. En este grupo se encontraba el Dr. Humphry Osmond -conocido por ser uno de los padres de la terapia psicodélica y el creador del propio término “psicodélico”- Huxley se ofreció como voluntario en las investigaciones de Osmond con mescalina, entablando ambos una fuerte amistad que duraría toda la vida.

Hay que señalar que hasta ese momento, la mayor parte de la investigación psicodélica estaba siendo realizada en personas diagnosticadas con diferentes tipos de patologías, por lo que la participación de Huxley en estos estudios aporto información muy valiosa en cuanto a los efectos de sustancias psicoactivas en personas mentalmente sanas, practicantes de la espiritualidad e interesadas en el misticismo. En ese entonces, muy poco se sabía sobre la mescalina u otros compuestos parecidos; no obstante, en 1954, cuando Huxley publica The Doors of Perception -poco después de su primera experiencia psicodélica- el libro se convierte en un bestseller mundial y en una de las obras que más influencia ejercería sobre las futuras generaciones de psiconautas.

En The Doors of Perception, Huxley señala que el cerebro funciona como una “válvula reductora”, que limita la conciencia a tan solo aquellas percepciones e ideas necesarias para la supervivencia; aunque tal atención selectiva impide hasta cierto punto que nos saturemos con una sobrecarga de información, con la repetición constante se convierte en un automatismo inconsciente y autolimitante; ya que podemos llegar a convencernos de que nuestra atención selectiva –o túnel de realidad, en el argot de Robert Anton Wilson- representa la realidad ultima y “verdadera” del mundo. En esa misma obra, Huxley también menciona la forma en que su estado alterado de conciencia le ayudo a entender varios conceptos filosóficos que iban desde Platón hasta el Buda, llegando incluso a experimentar lo que se conoce como muerte del ego.

Sin embargo, Huxley había estado interesado en la exploración de la conciencia humana desde muchos años antes de su toma de mescalina; se sabe que durante mucho tiempo había mantenido encuentros regulares con filósofos, místicos, psiquiatras e investigadores paranormales. A inicios de la década de 1940, mucho antes de conocer a Osmond, Huxley se encontraba muy influenciado por el pensamiento del maestro Jiddu Krishnamurti, la fuerza de esa relación influenciaría notablemente al escritor británico en la publicación de The Perennial Philosophy en 1944. En esta obra, plasmaría sus ideas filosóficas en torno al misticismo. La noción general de este texto ubica que existen ciertos principios, experiencias y prácticas que son comunes en todas las religiones del mundo. Huxley describe a la filosofía perenne de la siguiente manera:

(La filosofía perenne) es la metafísica que reconoce una divina realidad en el mundo de las cosas, vidas y mentes; la psicología que encuentra en el alma algo similar a la divina realidad, o aun idéntico a ella; la ética que pone la última finalidad del hombre en el conocimiento de la base inmanente y trascendente de todo el ser, la cosa es inmemorial y universal. Pueden hallarse rudimentos de la filosofía perenne en las tradiciones de los pueblos primitivos en todas las regiones del mundo (…)

Entre los conceptos fundamentales de la filosofía perenne encontramos la teoría de la experiencia visionaria. Dicha teoría establece que todas las religiones de la humanidad existen gracias a experiencias visionarias de sus fundadores y de profetas posteriores. Uno de los factores clave de esta teoría, es la forma en que liga la experiencia visionaria con la experiencia estética y la conciencia mística, formando una especie de continuum trascendente que conforma la estructura medular de su teoría.

El inicio de este continuum estaría marcado, precisamente, por la experiencia estética. La cual engloba nuestros encuentros más intensos con sentimientos de belleza y alegría inspirados por obras de arte, música, literatura y por las maravillas y misterios que guarda el mundo natural. Sin embargo, cuando la experiencia estética crece en intensidad, puede convertirse en una experiencia visionaria, donde el individuo suele percibir e identificar como ciertos patrones de fuerzas -que definen la vida de una persona o un colectivo- encajan en un patrón aun mayor de fuerzas que moldea el medio ambiente de una tribu o una nación. En otras palabras, la experiencia visionaria estaría comúnmente acompañada por observaciones acerca de nuestro “destino” en relación al mundo en el que vivimos. Muchas de nuestras responsabilidades hacia los otros y nosotros mismos nos son mostradas a través de un presumible acceso temporal a eso que el psiquiatra suizo Carl Jung llamo inconsciente colectivo o mundo de los arquetipos (estructuras simbólicas universales en el psiquismo humano). Finalmente, cuando la experiencia visionaria se vuelve más poderosa e incontenible para el Yo, ocurre el estado de conciencia mística, el cual se caracteriza por un profundo sentido de unidad entre el individuo y el resto de la creación (resignificando el propio concepto de individuo). Gracias a esta trascendencia de tiempo, espacio y culturalidad, la conciencia mística puede considerarse como un fenómeno de naturaleza transpersonal y por tanto el punto más alto de la filosofía perenne.

Zigler señala que es muy probable que sea desde el campo de la neuroteología desde donde mejor se pueda explicar esta teoría visionaria en términos modernos. Tomando a Huxley como referencia, Zigler ubica a la neuroteología como el estudio de lo que le ocurre al cerebro mientras se está en una experiencia visionaria o entrando en un estado de conciencia mística. Actualmente, la neuroteología como disciplina científica constituye una realidad dentro de los estudios rigurosos que buscan integrar la neurociencia con la espiritualidad. El antecedente de esto lo encontramos en Island, la última novela de Huxley, publicada en 1962, donde se describe por primera vez la figura “profesional” del neuroteólogo como aquella persona que piensa en los otros simultáneamente en términos de clara luz del vacío (concepto extraído del budismo) en combinación con los conceptos biológicos con que se rige el sistema nervioso, conciliando así los roles del místico y el científico en una sola persona.

Recordemos que de forma similar, el bardo psicodélico Terence McKenna, décadas después tomaría prestado de la alquimia el concepto de coincidencia oppositorum para referirse a algo similar, una unificación oximoronica de conceptos aparentemente contrarios e irreconciliables dentro de una lógica linear o materialista. De acuerdo a McKenna, la coincidencia oppsitorum no es más que la practica del pensamiento teniendo dos ideas opuestas en mente (como sucede, por ejemplo, al unir conceptualmente teología y neurología). McKenna afirmaba que este ejercicio es una manera de consciente de llevar a cabo una especie de neurohacking, permitiéndonos jugar un rol fundamental en nuestra propia percepción e interpretación de la realidad.

Tras convertirse en un campo formal dentro de los círculos neurocientificos en la década de 1990, la neuroteología pasó a definirse académicamente como el estudio de correlaciones entre alteraciones especificas del sistema nervioso y fenómenos subjetivos asociados a una fenomenología espiritual. En este sentido, la neuroteología no es más que una nueva forma de plantear hipótesis explicativas para las experiencias religiosas desde una epistemología empírica. Así pues, los neuroteólogos sugieren que existen bases neurológicas y evolutivas para comprender la experiencia religiosa subjetiva, lo cual explicaría el desarrollo de herramientas o técnicas chamánicas (también llamadas psicotecnologías) con la finalidad de modificar e inducir determinados estados de conciencia capaces de generar experiencias visionarias y misticas desde tiempos ancestrales.

Andrew Newberg y Eugene D´Aquili, dos científicos pioneros de la neuroteología, encontraron paralelismos casi idénticos entre su investigación y el trabajo de Huxley; entre dichas similitudes podemos identificar la existencia de un continuum en el cual se desplazan niveles mayores o menores de deaferentación cerebral.  La deaferentación cerebral es un fenómeno que ocurre cuando ciertas áreas del cerebro son forzadas a trabajar sin ningún input neural –una condición frecuentemente encontrada, por ejemplo, en la práctica de la meditación o bajo la influencia de sustancias psicodélicas. Como resultado de esta deaferentación, el individuo se encuentra ante una reconfiguración parcial (o incluso total) del Yo o ego. Con respecto a esto Newberg y D’Aquili puntualizan que pueden existir dos tipos de deaferentación: la completa (que correspondería fenomenológicamente a la conciencia mística), y la parcial (experiencia visionaria). La investigación de estos neurocientificos también confirma uno de los postulados principales de Huxley en su teoría visionaria, mostrando que la deaferentación parcial o experiencia visionaria, retendría ciertos aspectos individuales y culturales que definen la identidad humana, constituyéndose como formas imaginativas de conocimiento sobre ciertas culturas específicas. Mientras que por otro lado, la deaferentación completa o conciencia mística, estaría basada en experiencias transpersonales, donde el individuo histórico y cultural se desvanece ante una forma de realidad verdaderamente trascendente, y por tanto desconocida a sus paradigmas o modelos de realidad.

Lo anteriormente planteado explicaría porque podemos tener experiencias visionarias sujetas a un determinado sistema simbólico (sea cristiano, hebreo o budista), y no obstante al experimentar la consciencia mística, lo observable es encontrar un común denominador absoluto que subyace todas las tradiciones religiosas y espirituales.

Como hemos visto, el concepto de neuroteología refleja entonces la idea de que las experiencias trascendentes tratadas por la filosofía perenne poseen una base biológica en el cerebro. No obstante, esto se mantiene lejos de aquello que Huxley también llamaba neuroteología, puesto que de acuerdo a su metodología, la neuroteología moderna sigue formando parte del reduccionismo newtoniano y de la corriente filosófica cientificista; esto debido a que los datos neurocientíficos no tratan directamente con la naturaleza subjetiva de la experiencia humana comunicándose con aspectos divinos, sino que se limitan a identificar las bases neurofisiológicas que se asocian a la interpretación de dicha experiencia. Esto es lo que en la ciencia se conoce como un modelo “de abajo hacia arriba”; es decir, se trata un fenómeno inferior o biológico, que se experimenta como si fuera un fenómeno superior de conciencia cósmica. Esto ocasiona que la neuroteología se limite a trabajar desde la lógica materialista que entiende al cerebro como el órgano encargado de generar diferentes experiencias conciénciales en respuesta a determinados estímulos, como lo pueden ser la ingestión de psicodélicos o la práctica de la meditación y el yoga.

Es precisamente, en contraposición a esta perspectiva reduccionista, que el psiquiatra estadounidense Rick Strassman (médico que reactivo la investigación psicodélica con sus estudios con DMT en la Universidad de Nuevo México) desarrollo un modelo inverso, es decir, uno “de arriba hacia abajo” al que ha llamado teoneurologia. Este modelo, basado en su investigación con DMT y en el misticismo hebreo, fue desarrollado en su obra del 2014, DMT and the Soul of Prophecy, en donde establece a los fenómenos de orden inferior o biológicos a partir de una perspectiva superior o divina. Strassman -quien además de ser psiquiatra, está entrenado en la mística judía y en el budismo zen- explica en su modelo que la divinidad afecta el mundo a través de las leyes naturales estudiadas por la ciencia; en esa misma obra, además sugiere la posibilidad de que profetas de la tradición judeo-cristiana como Ezequiel e Isaías, hayan experimentado sus estados visionarios y experiencias extracorpóreas estando bajo el efecto de segregaciones endógenas de DMT y 5-MeO DMT.

  

La DMT es una molécula psicodélica cuyo origen puede ser endógeno o exógeno, y cuya composición química es relativamente simple (por ejemplo, su peso molecular apenas excede al de la glucosa). Debido a que es uno de los compuestos alucinógenos más poderosos encontrados en la naturaleza, ha recibido el sobrenombre de molécula del espíritu. Originalmente descubierta en 1931, la DMT no obtuvo ningún perfil farmacológico sino hasta mitades de la década de 1950, cuando el químico Stephen Szára descubrió heroicamente sus propiedades psicodélicas por vía intravenosa. Al analizar la historia cultural del DMT, notaremos que esta molécula se encuentra frecuentemente asociada a reportes de experiencias extracorpóreas, abducciones extraterrestres y transportaciones a realidades paralelas. Evidencia que refuerza esto puede encontrarse al analizar casos de experiencias de abducción extraterrestre y sueños lúcidos, donde científicos han descubierto que ciertos sujetos pueden llegar a mostrar cantidades muy elevadas de alfa-2 globulina en la sangre; esta es una sustancia encargada de controlar la concentración del triptófano, un aminoácido esencial de cuya metabolización se obtiene DMT endógeno.

Esto nos lleva a considerar seriamente la posibilidad de que la DMT sea, tal y como propuso Terence McKenna en su momento, una exoferomona, es decir, un mensajero químico universal que interconecta y complejiza los procesos de información entre diferentes especies. Además de McKenna y Strassman, es interesante mencionar a otros investigadores como el psicólogo cognitivo Benny Shanon y el matemático Cliff Pickover, quienes también han propuesto interesantes relaciones entre los estados de conciencia experimentados por personajes bíblicos y esta molécula. De ser ciertas estas hipótesis podríamos confirmar al DMT (y a su variante 5-MeO) como las moléculas catalizadoras de la comunicación espiritual y por tanto, la llave endógena para el desplazamiento de la conciencia a lo largo del continuum de experiencias descrito por Huxley en la filosofía perenne.

Cuando estudiamos la experiencia visionaria desde el modelo neuroteológico ortodoxo las cualidades espirituales de la experiencia son vistas tan solo como un epifenómeno de la actividad cerebral. El modelo teoneurológico de Strassman, en cambio, nivela los campos superiores e inferiores, ya que invierte la dirección de la causalidad desde el cerebro hacia lo divino. Con el DMT y el 5 MeO como sus principales vehículos, Strassman logra que personas con conocimientos teológicos o espirituales puedan contribuir, igual o incluso más a la discusión de la fenomenología visionaria, ampliando la discusión sobre las experiencias religiosas desde un acercamiento estrictamente reduccionista basado en el cerebro, a uno más holístico que integre aspectos biológicos con perspectivas espirituales.

En la lógica de Strassman –evidentemente influenciada por la filosofía perenne de Huxley- uno interpreta el contenido de la experiencia visionaria no solo en función de los datos científico-biológicos de la neurociencia, sino también de los conocimientos aportados por los místicos de la antigüedad. Strassman piensa que este es un sofisticado método para combinar las nociones religiosas antiguas con la ciencia contemporánea, y añade que si tenemos en cuenta el hecho de que el cuerpo produce compuestos psicodélicos -como el DMT y el 5 MeO DMT- de manera endógena, entonces podemos comenzar a pensar en optimizar nuestras propias facultades personales para ser capaces de acceder a dichos estados por cuenta propia, y no solamente a través de agentes externos.

De acuerdo a Strassman, las personas que desean lograr un crecimiento espiritual y obtener lo mejor de una experiencia visionaria, necesitan desarrollar forzosamente un par facultades conocidas por los místicos judíos medievales. Los dos requisitos principales para experimentar el denominado estado profético (y que Huxley llama experiencia visionaria) serían el tener muy bien desarrolladas nuestras cualidades tanto imaginativas como intelectuales. Sabemos que los psicodélicos pueden catalizar y estimular la imaginación; lo cual, al mismo, nos invitaría a desarrollar nuestro intelecto de igual forma. Estas dos facultades en equilibrio, también pueden ser entendidas como una –literal- sincronización de hemisferios cerebrales, lo cual, también nos recuerda al ya mencionado concepto de coincidencia oppositorum trabajado por McKenna.

Finalmente, y como cierre, algo que podemos extrapolar de la obra de Huxley y de su conjugación con el modelo teoneurológico de Strassman, es que si consumimos psicodélicos por su fenomenología espiritual asociada, lo recomendable seria entonces educarnos más; es decir, estimular o desarrollar el intelecto de tal forma que se esté en equilibrio con el desarrollo imaginativo catalizado por estas sustancias. Citando a Terence McKenna: “el primer lugar al que vas cuando tomas una droga nueva es la biblioteca”.

De esta forma, la coincidencia oppositorum aplicada a los requerimientos hebreos del estado profético nos permite disponer de un marco de trabajo bastante flexible para operar pragmáticamente la propia filosofía perenne. Esto consiste en entender y aplicar la filosofía de forma similar a como fue explicada por Cicerón en su famosa frase “cultura animi, philosophia est”; es decir, que la verdadera filosofía es el cultivo el alma.

Como hemos observado, Aldous Huxley fue más que un intelectual y un vocero del uso responsable de psicodélicos. Gracias a su obra, el establishment científico presto atención al estado visionario y a las sustancias psicodélicas; Huxley, mediante su vida y trabajo, introdujo elegantemente estos conceptos en la comunidad artística e intelectual del siglo pasado, teniendo hasta el día de hoy, un profundo impacto, no solo en el pensamiento crítico social occidental, sino también en movimientos psicológicos, filosóficos y como recién se ha mostrado, también en el redescubrimiento de mapas atemporales que sirven como base para comprender mejor los estados más elevados de la conciencia humana.

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