El mono que evolucionó consumiendo enteógenos

El mono que evolucionó consumiendo enteógenos

La teoría de la evolución plantea que somos producto de una transformación gradual de nuestros ancestros primates, y está respaldada por numerosos hallazgos científicos y ampliamente aceptada por la sociedad actual. Esto es así al punto de que las personas que hoy día sostienen teorías creacionistas suelen ser vistas como retrógradas o ignorantes, aún cuando durante siglos y hasta nuestra historia reciente, esta era la teoría reinante y aceptada por la mayoría. Hoy, sin embargo, es la ciencia la que nos da una respuesta clara y transparente a la pregunta primordial ¿De dónde venimos? pero lo que no queda claro es  ¿Cómo nuestras mentes y consciencias primates evolucionaron hasta convertirse en el Homo sapiens?

La ciencia describe la evolución del sistema nervioso central, la especialización del cerebro y adaptación evolutiva que sufrieron nuestros órganos para llegar a su estado actual, pero por toda respuesta al ¿Qué provocó estos cambios? recibimos un escueto”presión evolutiva”, que no es otra cosa que decir de forma muy simplista que una combinación de selección natural y cambios en las condiciones ambientales nos llevaron a pensar, hablar y hacer arte.

Stoned Ape Theory

Terence McKenna nos ofrece una teoría que pretende dar luces sobre esta pieza del puzzle, la llamada Stoned Ape Theory o Teoría del Mono Drogado. En esencia lo que plantea McKenna es que hace 100.000 años hubo un período en el cual, debido a la presencia de psilocibina en la dieta de nuestros ancestros, la tendencia natural de jerarquías patriarcales fue interrumpida y los valores comunitarios, el altruismo, el lenguaje, la planificación a largo plazo, consciencia de causa y efecto y todas las cosas que nos distinguen de los demás primates fueron establecidas.

Luego, cuando los hongos fueron cada vez más escasos por causa de factores climatológicos, después de 15.000 años de esta casi simbiosis entre humano y hongo, la vieja dominación jerárquica se abrió paso nuevamente en el Medio Oriente con la invención de la agricultura, la necesidad de hacernos sedentarios para poder trabajar la tierra, la necesidad de defender el superávit de la producción y el establecimiento de reinados.

Stoned Ape

¿Cómo llegó el hongo a la dieta?

El continente africano sufría de una sequía que acababa con las selvas y bosques, los primates tuvieron que literalmente bajar de los árboles y buscar otras fuentes de alimento. McKenna estima que una buena estrategia pudo haber sido seguir al ganado en cuya bosta rondaban insectos que comenzaron a formar parte de la dieta, y ahí nuestros ancestros se toparon con el hongo Psylocibe cubensis. Pequeñas dosis de Psylocibe han demostrado tener un impacto en la visión, con lo cual posiblemente quienes consumieron el hongo pudieron ser más exitosos en la caza y tener ventaja alimentaria, acorde a McKenna. En dosis ligeramente más altas el hongo puede estimular la atención y la energía sexual, resultando en un mayor éxito reproductivo. En dosis aún más altas, obtenemos lo que hoy llamaríamos una experiencia enteógena de disolución de barreras, que McKenna propone se tradujo en la percepción de comunidad y la catalización del lenguaje y del arte.

Esta teoría goza de poco apoyo por parte de la comunidad científica, principalmente por falta de evidencias científicas pero también hay algunos argumentos interesantes como que algunas civilizaciones como la Azteca incorporaron el consumo de Psylocibe a su dieta (al menos los sacerdotes) y no por eso fueron menos patriarcales o violentas. Otras como los Yanomani y los Jívaro consumen frecuentemente Ayahuasca y no están exentos de episodios violentos en su cultura. Aún así, merece la pena explorar la teoría de McKenna a la luz de nuevos estudios que plantean a los enteógenos como pieza fundamental en la aparición de las expresiones artísticas, dando tal vez el fundamento del que Terence McKenna en vida no pudo beneficiarse para apoyar su teoría.

Uno de estos estudios es el de Tom Froese, Alexander Woodward, y Takashi Ikegami de la Universidad de Tokio, y la Universidad Autónoma de México. Estos científicos analizaron los patrones de diversas pinturas rupestres a nivel mundial, todas similares entre sí sin importar el lugar o fecha en que fueron realizadas, y encontraron una relación con las denominadas Inestabilidades de Turing. Estas inestabilidades en los patrones estudiados por el insigne matemático británico se asocian a estados alterados de consciencia producidos por el uso de plantas enteógenas.

Estos argumentos tratan de establecer que los primeros artistas pintaron lo que veían durante viajes enteógenos, pues estos patrones rupestres alrededor del mundo guardan similitudes entre sí y con lo que hoy día humanos modernos reportan observar en sus experiencias enteógenas, y no tanto con el mundo que rodeaba a nuestros antecesores, como si se tratara de las representaciones de un mundo que todos compartimos sin importar tiempo ni espacio… ¿Les suena?

Turing Patterns

Meditar sobre estos argumentos es abrirnos a la posibilidad de que nuestra relación con enteógenos fungicos y vegetales sea tan antigua como podamos imaginar… y ¿por qué no? si sabemos de otros animales que alteran su conciencia en alianza con otros seres vivos. Difícilmente logremos comprobar la teoría del mono drogado, pero cualquiera que haya usado enteógenos con resultados positivos en algún momento de su vida entretuvo un pensamiento “Nuestra sociedad sería mejor si todos viviéramos esta experiencia” ¿no se trata de eso la evolución?

Para saber más sobre la teoría de Terence McKenna, la encuentras detallada en su libro Food of the Gods o El Manjar de los Dioses

 

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